Bolivia: Conflicto entre mineros

Por:  Albert Bailo (Cochabamba) para Grupo Editorial Cn

La mina de Colquiri es otra de las manzanas de la discordia del conflicto minero  desde que el gobierno de Evo Morales decidió nacionalizarla en junio, arrebatandole las participaciones a la  suiza Glencore y cediéndolas a COMIBOL (Corporación Minera de Bolivia).

Discordia es lo que ha generado el conflicto entre mineros asalariados y cooperativistas de estas últimas semanas de septiembre. Mientras cooperativistas bloqueaban las principales carreteras que dan acceso a  La Paz pidiendo participación en la explotación de la mina, los asalariados marchaban por las calles de la sede de gobierno demandando la nacionalización total. Tras una semana de pulso entre ambos grupos “hermanos” e intentos de dialogo y propuestas por parte del gobierno, el conflicto llegó a un punto muerto el pasado miércoles 26 de septiembre, cuando los cooperativistas aceptaron un convenio gubernamental que divide al 50 % el uso de la mina entre ellos y COMIBOL.

Esto facilitó el cese de los bloqueos solo en las carreteras, ya que en las ciudades los asalariados, apoyados por la COB, anunciaron movilizaciones y bloqueos hasta el jueves 27. En este punto,  cooperativistas y asalariados han firmado un acuerdo en que se comprometen a “recuperar la convivencia en paz” y buscar una solución dialogada para el conflicto de Colquiri.

En el plano general del conflicto, asalariados y comunitarios proponen la nacionalización de las minas y en los últimos meses se han producido 44 tomas de vetas sólo en el departamento de La Paz. El gobierno, parece avalar esa propuesta, nacionalizando la mina de Mallku Qota en julio y ahora repartiendo al  50% entre asalariados y cooperativistas  la mina Colquiri. Mientras, los cooperativistas, reclaman más inversiones y una ley de minas que otorgue seguridad jurídica a las empresas mineras, ya que para ellos, los ejemplos citados suponen una prueba de esa falta de seguridad.

Otro tema que es indisoluble al conflicto minero es la cuestión de la violencia que siempre se ha expresado con especial crudeza en las manifestaciones del sector minero. El caso de Colquiri ha vuelto a ser trágico con un muerto y varios heridos graves en las manifestaciones del 18 de septiembre en que, un cartucho de dinamita detonó frente a un grupo de cooperativistas provocando la tragedia. Y aunque el gobierno ha aprobado un decreto por el cual se prohíbe el uso de dinamita en manifestaciones, cabe preguntarse, si al igual que otras acciones gubernamentales, la creación de normas o leyes son respuestas reales a las demandas de un sector históricamente castigado y a la bandera de los cambios sociales en este país andino.

Parece que esta vez la propuesta gubernamental ha funcionado y la formula salomónica ha abierto el camino del diálogo. Pero esta semana de conflicto entre “hermanos” mineros, ha dejado claro que en Bolivia, la gestión y la industrialización minera en base al desarrollo nacional constituyen una asignatura pendiente. Más dramático es todavía cuando pensamos que este país mediterráneo es riquísimo en cuanto a recursos naturales minerales y que  después de casi dos siglos de independencia, la minería boliviana aún no encuentra su rumbo.

Nota extraída del Portal web del Grupo Editorial Cn

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